The Walking Dead 6×04: hasta la última gota.
La muerte de Duane dejó a Morgan completamente roto, y la soledad en la que se enterró no hizo más que consumir su cordura lentamente. Por mucho tiempo Morgan se dedicó a “limpiar” la tierra, se convenció a sí mismo de que la única razón por la que seguía vivo es para matar a cualquiera que se interponga en su camino. Y justamente eso hizo, hasta que se consiguió con el hombre que hacía queso.

En el episodio vemos a un Morgan obsesivo, salvaje, y que actúa casi de forma automática cuando ve algo vivo. Su respuesta inmediata es matar. Ha dejado de sentir cualquier emoción, quizás para no sentir el dolor de su pérdida. Morgan es peligroso, y Rick lo sabía, por eso lo dejó atrás.

Pero, Morgan tiene la suerte de encontrarse con Eastman, un hombre que intenta desesperadamente aferrarse a su humanidad en un mundo donde la muerte camina por las calles. Alguien que necesita creer que toda la vida es valiosa. Alguien que cree que no estamos hechos para matar, y que en busca de su propia paz interna decidió no volver a matar nada nunca más.

Eastman enseña a Morgan a desviar la agresión de otros, le enseña “Aikido“, un arte marcial japonés que une creencias filosóficas y religiosas. Quienes practican aikido intentan defenderse y al mismo tiempo evitan que sus atacantes sufran daño alguno.

A Eastman le ha salvado la vida en una ocasión, y eventualmente salvará la vida de Morgan.

Eastman parece haber logrado rehabilitar a Morgan con su libro Aikido, el arte de la paz, unos días tras rejas que no cierran, y la compañía de una simpática cabra que termina innecesariamente como alimento de zombies.